A ti que estás llorando al otro lado del espejo (‘Corre, dijo la tortuga’)

Hay canciones que quizá no son tan conocidas de la discografía del genio de Úbeda pero que llegan directas al corazón. Canciones intimistas, privadas, de esas que escuchamos en la oscuridad, cuando estamos solos y nadie puede oírlas excepto nosotros.

“Corre, dijo la tortuga” (Mentiras piadosas, 1990) es una de esas canciones a las que recurres cuando pierdes las fuerzas, cuando un pequeño o gran cortocircuito ha ocurrido dentro de nosotros y necesitamos parar para arreglarlo. Es ese momento en que no podemos echar la culpa a nadie porque solo nosotros tenemos la respuesta. Algo estamos haciendo mal y no somos capaces de enmendarlo.

Esta canción nos invita a dialogar con nosotros mismos, a discutir “con el íntimo enemigo que malvive de pensión en mi corazón”. Habla de nuestras contradicciones, de nuestros miedos, del ángel y demonio que habita en nuestro interior y lo difícil que es poner a todo el mundo de acuerdo. Todos tenemos dentro a ese Pepito Grillo que nos corta las alas, el que nos dice lo que está bien o mal, el cobarde que dice atrévete, ese que está de vuelta cuando no fue a ninguna parte.

Sabina nos disecciona de manera magistral una batería de personajes que anidan dentro de nosotros. Esos tipos que de nada sirve interponer un procedimiento judicial por desahucio porque nunca se irán. Seguirán agazapados y aparecerán en el momento más inoportuno para atormentarnos y para hostigarnos a la hora de tomar decisiones.

Es el receloso, el fugitivo, el caprichoso, el cómplice, el orgulloso, el traidor, el camello que dice “Drogas no” o ese fantástico “pariente pobre de la duda”. ¿Alguien puede encontrar mejor manera de definir quién es el que está detrás de todas nuestras indecisiones? Con una sucesión de rápidos versos nos indica Sabina la incongruencia del ser humano, la continua lucha del sí pero no, del abro pero cierro, de me voy pero me quedo:

No mientas dijo el mentiroso, buena suerte dijo el gafe,
ocúpate del alma dijo el gordo vendedor de carne,
pruébame dijo el veneno, ámame como odian los amantes.
Drogas no, dijo el camello, cuanto vales dijo el ganster

En el estribillo se advierte un cierto cabreo con ese que siempre contradice, con ese que se ríe continuamente, el que manipula  y miente, ese que nunca sigue tus consejos, ese tipo que nos pone a prueba continuamente, el que a veces llora al otro lado del espejo y nos desespera.

Pero al final, no hay nada que no pueda arreglar unos labios de mujer dentro del universo sabiniano. Cuando ya estaba a punto de quemar las naves, será una mujer la que tenga que lidiar con todas esas contradicciones, bueno más bien dos, una, la indignada mojigata, que acabará con el cobarde, y otra, la encantada, que sin duda terminará con el que decidió atreverse.

Escuchad la canción y luego me decís si no os hace reflexionar sobre todo lo que bulle en nuestro interior y la cantidad de flora y fauna que habita en esa especie de ecosistema íntimo que todos tenemos dentro.

 

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