Solo diré que te quiero si es a punta de navaja

 

La visceralidad de Sabina en los asuntos del corazón sale por los cuatro costados en muchas de sus canciones. Quizá porque su sinceridad puede ser tan devastadora como un tsunami, o porque la otra parte tiene esa extraña sensación de pisar arenas movedizas continuamente, lo cierto es que Sabina no se cansa de decir en gran parte de sus composiciones cómo entiende el amor, la mayoría de las veces huyendo de convencionalismos y correcciones políticas.

Sin duda esta radicalidad le trae más de un conflicto con sus parejas y no duda en resolver la situación como si fuera una ruleta rusa. O todo o nada. Por supuesto, eso no significa que no haya amor por medio, pero deja bien claro a la otra parte que él no sirve para llevar las maletas. Es… otra cosa. Y mejor no intentar cambiarlo. O lo tomas o lo dejas.

Quizá una de las canciones que mejor explica esto es “Contigo”, (disco “Yo, mí, me, contigo”, 1996), donde dice claramente que no quiere un amor civilizado, ni sembrar ni compartir, ni catorce de febrero, ni cumpleaños feliz. Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí. El mensaje está claro: o eres capaz de sacrificarte por mí o no tiene sentido cumplir con los protocolos. Los recibos y escenas de sofá no van conmigo…

En el tema “Hotel dulce hotel” (disco “Hotel dulce hotel”, 1987), hace hincapié en lo poco que le gusta el hogar y el amor de andar por casa, de hecho habla de hogar, triste hogar y que no quiere echarle leña al fuego del hogar y el deber, porque al cabo de unos años estaríamos los dos adultos y aburridos frente al televisor. Justo lo contrario que opina su pareja en “Incompatibilidad de caracteres” (disco “Juez y parte”, 1985): cuando le propongo salir me contesta “ni pensarlo, hogar, dulce hogar”.

En “Mentiras piadosas” (disco “Mentiras piadosas”, 1990), deja claro que la pasión, por definición, no puede durar, lo que provoca la reacción rápida de su compañera que se echa a llorar y le replica: “Me pone enferma tanta sinceridad”. Sabina le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa, pero ella prefería escuchar mentiras piadosas. Qué le vamos a hacer… Siempre hay que estar preparada para alguna cuchillada de las suyas.

Ya lo dice en “Whisky sin soda” (disco “Juez y Parte”): ¿Qué voy a hacerle yo, si me gusta el whisky sin soda, el sexo sin boda, si el amor me gusta sin celos, la muerte sin duelo… Toda una declaración de intenciones.

¿Cómo resolver tanto conflicto creado con las mujeres por esa sinceridad irrefrenable y a la vez por esa pasión incontenida? Él da soluciones claras: “Cuernos” (disco “Hotel dulce hotel”). ¿Qué esperabais? ¿Terapias de pareja? ¿Talleres de inteligencia emocional? ¡Estamos hablando de Sabina tíooooos! (dicho con voz de Robert de Niro).

Detrás de la transgresión hay un corazón que late

Pero, en mi opinión, tampoco debemos satanizar al de Úbeda. La autenticidad es un valor que ya no cotiza en Bolsa y en sus canciones solo reivindica el derecho a ser uno mismo, con sus defectos y sus virtudes, aún a riesgo de provocar un terremoto. Además, hay muchas canciones donde abre ventanas y balcones para gritar a los cuatro vientos que está enamorado y desea agarrar con todas sus fuerzas la rosa espinosa del amor, sin importarle las heridas que puedan causarle.

Existe una canción para mí entrañable, titulada “Rebajas de enero” (“Juez y parte”), donde explica sin remilgos cómo conoció a una chica que se instaló para siempre en su vida, una de esas cansada de tanto esperar el amor verdadero… Aquí Sabina se muestra tierno, comprensivo, hasta podríamos decir sumiso, ante la oportunidad de sentar la cabeza. Aunque, como otras parejas tuvimos historias de celos, historias de gritos y besos, de azúcar y sal, ahora tenemos estufa, dos gatos y tele en color, porque no hay nada mejor que encontrar un amor a medida. Y luego deja un guiño magistral para no perder adeptos: emociones fuertes, buscadlas en otra canción.

En un tema bellísimo como “Y sin embargo” (una canción imprescindible que da para más de un post), habla, en mi opinión, de amor sincero y profundo, aunque también de cuernos… Son las contradicciones de Sabina en las cosas del querer. No hay que comprenderlo, hay que quererlo como es, o también odiarlo. Elijan ustedes.

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