Se come con piel la manzana prohibida (‘Y si amanece por fin’)

Esta es una de esas canciones que cada vez que las escuchas pareces estar presente dentro de la escena que describe de manera fantástica Sabina. Una escena de alcoba, dos desconocidos que se han encontrado en la noche y una cuenta atrás imposible de parar. El amanecer se acerca y la incertidumbre enviste como una manada de bisontes. Con el alba la magia se desvancerá, la rutina llamará a la puerta irremediablemente y no podremos hacer nada. ¿Solución? Mejor no pensar en nada, disfrutemos el momento.

La armónica del inicio y el ritmo pausado de la canción le dan un toque de resaca y melancolía que nos envuelve desde el principio y nos invita a sentir lo mismo que los protagonistas. Ese “por favor, quiero rebobinar la cinta y volver a la madrugada”, o “que apaguen el sol, que no empiece un nuevo día”. Es ese momento en el que te das cuenta que en un suspiro se acaba lo bueno y todo vuelve a la horrorosa normalidad. Lo bueno (y lo malo) es que al escuchar la canción, tú estás allí sintiendo esa extraña sensación.

Más o menos esta es la reflexión que tienen estos dos después de haber pasado la noche juntos y comprobar impotentes como el sol les va a arrebatar lo que la noche les concedió:

Ya sé que yo no soy Micky Rourke, ni tú Kim Bassinger, ni esto es “9 semanas y media”, ¿y qué más da? Tenemos lo que tenemos, aprovechémoslo. No te rayes. Olvídate del reloj, nadie se ha muerto por ir sin dormir al curro ¿no? La vida nos ha ofrecido un caramelo, saboreémoslo. Venga, deja que te desabroche un botón y empecemos de nuevo. Tal vez no tengamos más noches y sea la última vez que nos veamos. Seguramente no eres la mujer de tu vida, ni yo tu hombre, pero… Hoy tienes una ocasión de demostrar que eres una mujer además de una dama, venga, de ti depende y de mí que entre los dos siga siendo ayer noche hoy por la mañana…

La reflexión que hace Sabina sobre la vida no tiene desperdicio:

El tiempo es un microbús

que solo cruza una vez esta breve y absurda comedia

Y sobre la capacidad que tenemos de rayarnos constantemente en vez de disfrutar el momento:

 ¿Por qué comerse un marrón

cuando la vida se luce

poniendo ante ti un caramelo?

Musicalmente, la atmósfera creada nos transporta en un segundo a esa habitación donde se filtran los primeros rayos del sol por la persiana y donde el hechizo de la noche se ha echado a dormir para dejar paso a la rutina y al desazón de un nuevo día.

Me parece una canción deliciosa, con un estribillo magnífico donde me quedo con ese “que se come con piel la manzana prohibida”. Una canción para escuchar un domingo al anochecer para terminarnos de deprimir antes de iniciar la semana.

Os dejo con un vídeo-montaje de la canción:

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