Desde el taxi y haciendo un exceso… (’19 días y 500 noches’)

19 días y 500 noches

Hace poco me dijo una amiga que “19 días y 500 noches” era la canción de Sabina que más le gustaba por una sencilla razón: porque era la única en la que él acababa trastabillado y humillado y la mujer salía victoriosa y triunfante. Según ella, es la primera vez que le dejan tirado como una colilla y por más que intenta enmendar la situación ella le torea a base de bien y disfruta al ver cómo se arrastra por el suelo suplicando clemencia.

Nunca lo había visto así, pero es cierto que por más que he rebuscado en todas las canciones de desamor de Sabina, no he encontrado ninguna en la que él salga como clara víctima del rechazo femenino.

Hay algunos temas como “Como un explorador”, donde el protagonista también pierde a una mujer, pero se lo toma con filosofía, nada de dramas. De hecho al final reconoce que “una mañana, comprendí que a veces gana el que pierde a una mujer”.  En “Así estoy yo sin ti”, no sabemos realmente si le ha dejado ella, si están separados circunstancialmente o qué ha pasado con exactitud. En “Y sin embargo…” está claro que es él quien sale victorioso a pesar de beber tragos amargos cuando duerme sin ella.

Por eso, quizá las mujeres que no soportan a Sabina (al personaje canallesco, lenguaraz y con exabruptos machistas), y su manera de vislumbrar el amor, ven en esta canción una especie de conspiración o venganza del universo hacia él y disfrutan viéndolo ladrar como un perro de nadie a las puertas del cielo, con el corazón en los huesos y de rodillas.

Aunque es indudable que el gachó está sufriendo como un condenado la huida de su amada, volviéndose loco, derrochando la bolsa y la vida por los callejones del juego y el vino… Afirma que Cupido (el muy cabrón), se vengaba de él a través del olvido. Pero tanto quería a la tal María, que tardó en aprender a olvidarla 19 días y (lo que es peor), 500 noches. Todos sabemos que las noches son muuuuuuuucho más largas que los días, sobre todo en el universo sabiniano.

Particularmente, esta canción no es de mis favoritas, pero admito que tiene un par de momentos gloriosos a los que siempre espero para consumirla con especial deleite. Además, son casi seguidos, por lo que sin duda puedo afirmar que es la estrofa que más me gusta. El primer momento es “Dijo hola y adiós, y el portazo sonó como un signo de interrogación”, quizá porque es una escena que forma parte del baúl de nuestros recuerdos. Y después es sublime la descripción que hace de esa mujer que le hizo perder la cabeza: “siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga… y la falda muy corta”. Un cóctel letal a juzgar por los resultados…

En cualquier caso, uno de los grandes himnos de Sabina que no puede faltar en ningún concierto. Quizá el mayor acierto fuera elegir la rumba para hablar de una ruptura que fue bastante amarga para el protagonista pero, en el fondo, esperada por él y por muchos seguidores/as que necesitaban saborear el sabor de la derrota amorosa en alguna de sus historias. La canción en directo gana muchos enteros. No os perdáis la interpretación que hizo en su última gira:

 

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