Corazones que destroza el temporal: amor se llama el juego

Sabina dijo una vez que la realidad siempre defrauda y esta canción es una buena prueba de ello cuando hablamos de amores. El flaco tiene la rara habilidad de poner en evidencia las ideas que damos por irrefutables.

Ya los primeros compases de piano nos preparan para lo que  vamos a escuchar porque es muy posible que no nos guste nada, que va a ser triste, que se nos va a hacer bola. Con unos versos que derraman belleza por los cuatro costados, Sabina nos cuenta por qué el amor siempre tiene un principio y un final:

No es que ya no me intereses

pero el tiempo de los besos y el sudor

es la hora de dormir

Y cómo la fuente que da de beber al amor (la pasión), también termina por secarse:

duele verte removiendo
la cajita de cenizas que el placer
tras de sí dejo.

Quizá todo está fuera de nuestro alcance, quizá todo esto de la pasión y el amor sea cosa de:

un dios triste y envidioso
nos castigó
por trepar juntos al árbol
y atracarnos con la flor de la pasión,
por probar aquel sabor

Ojo a los versos que nos indican el malvado paso del tiempo en las relaciones sentimentales o pasionales como si fuera una bomba de relojería con una cuenta regresiva adosada:

no soy yo, ni tu, ni nadie,
son los dedos miserables que le dan
cuerda a mi reloj.

Sabina dijo en su día que este tema estaba dedicado a una persona especial y que era una experiencia real. Parece que la mujer a la que van dirigidos estos versos es Isabel Oliart, la madre de sus dos hijas y en algún momento insinuó que quizá se le había ido la mano con esta canción, en el sentido de haber tirado demasiado de entraña y poner encima de la mesa el corazón aún palpitando.

Es cierto que es una de las canciones más sinceras y emotivas que haya escrito el genio de Úbeda. Se nota que hay verdad en cada palabra, que hay un sentimiento encontrado, que hay un suspiro, una lágrima, un dolor de tripa y más de una madrugada en vela, y sobre todo mucha reflexión, mucha resignación, muchos paseos en solitario, docenas de porqués y muy pocas respuestas. Quizá estos versos son los más elocuentes para entender cómo actúa la pasión según el jienense:

Ni inocentes ni culpables

corazones que destroza el temporal

carnes de cañón

Y no menos venenosas son las flechas que nos lanza en el estribillo para afirmar sin atisbo de duda que:

el agua apaga el fuego
y al ardor los años,
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a hacerse daño.
y cada vez peor
y cada vez mas rotos
y cada vez mas tú
y cada vez mas yo
sin rastro de nosotros

Lo que Sabina plantea en esta canción es que la pasión tiene fecha de caducidad y que cuando termina, el amor va por el mismo camino. Aunque de la pasión no queda ni rastro, tan solo un recuerdo lejano, del amor sí conservamos rescoldos, esa cajita de cenizas que, como si fueran los posos del café, nos recuerdan lo que fue y ya no es.

Sabina se resigna a pensar que esto es así y no tenemos nada que hacer al respecto, quizá muchos y muchas de vosotr@s piensen que no todo está perdido, que se trata de un planteamiento demasiado radical y que esas brasas que quedan pueden avivarse hasta conseguir alguna llama de esperanza… Bueno, todo es posible, pero en el fondo, aunque nos cueste reconocerlo, sabemos que hay mucha verdad en esta canción porque lo hemos vivido en nuestras propias carnes y la verdad siempre duele.

Aquí os dejo con un videoclip que me ha sorprendido. No es el vídeo oficial de la canción. Entre otras cosas porque no se publicó ninguno para este tema. Es un montaje de otra canción y de otro videoclip, pero le va como anillo al dedo y me parece muy interesante.

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