Canciones marginales de Sabina (1/3): drogas y delincuentes

letras de sabina

 Los marginados son protagonistas de muchas de las canciones de Sabina en toda su discografía. Delincuentes, drogadictos, mendigos o prostitutas son algunos de los perfiles sociológicos que podemos encontrar en muchas de sus canciones. Todos recordamos canciones como “Pacto entre caballeros” (Hotel, dulce hotel, 1987), donde encontramos a dos heroinómanos atracando al protagonista para subvencionarse un pico y que terminó siendo un himno del repertorio sabiniano que no falta en ningún concierto. Sabina cumplió con su promesa de escribirles una canción:

Me devolvieron intacto,
con un guiño mi dinero,
la cadena, la cartera y el reloj
yo, que siempre cumplo un pacto
cuando es entre caballeros,
les tenía que escribir esta canción.

“Conductores suicidas” (Física y Química, 1992), es otra canción que nos habla de la droga desde el punto de vista de la degradación física y mental del protagonista. Se trata de un tipo acostumbrado a “hacer turismo al borde del abismo” y que se ha deslizado, casi sin darse cuenta, al lado marrón, el de la heroína. Sabina se pregunta incrédulo, cómo este chico (en alguna biografía le pone nombre y apellidos), se ha dejado arrastrar a un callejón sin salida, él que era el mejor dotado de los conductores suicidas. Creo que es uno de los temas más duros del jienense en relación a las drogas.

En cuanto al mundo del delito, también encontramos personajes con nombres y apellidos, reyes de la delincuencia juvenil como El Jaro, protagonista del tema “Qué demasiao” (Malas compañías, 1980, Joaquín Sabina y Viceversa, 1986), un macarra de ceñido pantalón, famoso en los 80 en su Vallecas natal, al que Sabina define de manera sublime en cinco versos:

Hijo de la derrota y el alcohol,
Sobrino del dolor,
Primo hermano de la necesidad.
Tuviste por escuela una prisión
Por maestra una mesa de billar

Tenemos también en nuestra galería de delincuentes, tipos anónimos capaces de protagonizar verdaderas masacres como en “Ciudadano cero” (Juez y Parte, 1985). Alguien aparentemente normal que se convierte de la mañana a la noche en un asesino en serie con el único objetivo de que España entera conociera sus dos apellidos. Fue considerada por el propio Sabina su canción favorita. Una de sus más impactantes crónicas de sucesos en clave de novela negra:

Abrió la ventana rumiando que hacía falta un escarmiento.
Cargó la escopeta, se puso chaqueta,
pensando en las fotos.

Hizo una ensalada
de sangre, aliñada con cristales rotos.

Las bandas de delincuentes ochenteros eran temibles en aquellos años y sembraban el pánico allá por donde iban. Es el caso de los chicos del “Kung Fu” (Juez y Parte, 1985), que salen silbando de sus agujeros del extrarradio rumbo al corazón de la ciudad para provocar todo tipo de arritmias e infartos a su paso. Chavales que estrangulaban y violaban al futuro porque no tenían ningún presente:

Dile a tus hijas, hombre de la calle,
que escondan su virtud y su reloj,
cierra tu Simca 1000 con siete llaves,
da la alarma si tarda el ascensor.

Duerme vestido, no apagues la luz,
guarda el radio-cassette en un baúl,
que anda suelta la banda del Kung Fu.

También tenemos ladrones entrañables como el protagonista de “Al ladrón, al ladrón” (El hombre del traje gris, 1988), un delincuente de guante blanco de avanzada edad, que ve cómo las nuevas generaciones, acuciadas por la impaciencia de las drogas, están dejando a un lado la elegancia y los buenos modales a la hora de robar. Irremediablemente su actividad y su sello inconfundible como ladrón se está acabando por los achaques de la edad:

Me han dicho que con la artrosis de los nudillos,
se te resiste más de un bolsillo, que ya ni cumples con la mujer.
Me han dicho que cada bolso es una odisea,
que una señora en una pelea, te ha puesto un ojo a la virulé

En “Con un par” (Mentiras piadosas, 1990), Sabina nos cuenta a ritmo de salsa la historia de un delincuente, no tan marginal pero sí con un gran tirón mediático y que fue el ladrón más famoso de España allá por 1989: el Dioni, un guardia de seguridad que robó el furgón que custodiaba con 298 millones de pesetas dentro. Hay que tener un “par” para dar un golpe como ese. Sabina se lo recuerda: “la de noches que he dedicado yo a planear, un golpe como el que diste tú con un par…”.

Se puso un peluquín y escapó a Brasil, donde fue detenido dos meses después del robo y en ese tiempo, al parecer, el Dioni se lo pasó en grande. Ahí es donde entra la fabulación de Sabina imaginando cómo sería la vida del ex guardia de seguridad rodeado de lujo y diversión:

No veas que pasón
De entrada en el restaurant,
Niñas al salón
Que el Dioni está en la ciudad.

Con su buen par dezapatos de cocodrilo

No se le resiste ni la Venus de Milo

Continuaremos analizando en los próximos posts los temas sabinianos que cantan a la marginalidad y a los protagonistas del momento, como si leyéramos un reportaje periodístico de actualidad, aderezado con los guiños y las anécdotas que solo el de Úbeda es capaz de proporcionarnos.

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