Buenos Aires es como contabas… (‘Con la frente marchita’)

letras de sabina

Las canciones de Sabina suelen ser muy fotográficas. En cada verso aparecen imágenes nítidas en nuestra retina, como si pudiéramos ver en una enorme pantalla la diapositiva perfecta para cada palabra. “Con la frente marchita” es una canción hecha por y para Argentina que nos cuenta una historia de amor y desamor entre Madrid y Buenos Aires de esas que ya solo se ven en las películas.

La canción comienza ya triste, lejana, con una escena de  felicidad, de besos, risas y porros, que intuimos no va a durar demasiado. Entre brumas, nos envuelve una melodía llena de nostalgia que difumina el recuerdo de un amor incapaz de arrancar una sonrisa al protagonista, sino las mismas lágrimas que en su día afloraron.

Sabina nos pone rápido en antecedentes con ese “te morías por volver…”, el verdadero motor de esta historia. A su lado está alguien que añora el regreso a algún lugar. “Con la frente marchita cantaba Gardel. Entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud”. ¿Hay forma más rápida y precisa de describir un país?

Solo falta Maradona, pero aún no estaba en el olimpo de los dioses argentinos… Tardaría pocos años en llegar. Porque la historia está encuadrada en la dictadura militar que asoló el país entre 1976 y 1983.

Después de conocer ese detalle esencial en la relación de ambos, llega el estribillo de sopetón. El Rastro nos indica el cambio de localización. Es en Madrid donde se conocieron los amantes, en el puesto donde ella vendía carricoches de migas de pan y soldaditos de lata.

El protagonista desnuda sus sentimientos en unos versos fantásticos: “con agüita del mar andaluz quise yo enamorarte, pero tú no querías más amor que el del Río de la Plata…”. Nos vuelve a recordar su frustración, su impotencia al comprobar que ella está más pendiente de lo que pasa en Argentina que en España y que tiene su continuación en la siguiente estrofa, uno de los versos quizá más recordados de la discografía sabiniana. Un directo a la mandíbula devastador: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Es un lamento doloroso del protagonista cuando recuerda aquella amarga despedida en la estación donde el silbato del tren los separó para siempre. Tiene tanta fuerza esa imagen que todos nos imaginamos en ese andén, junto al corazón encogido del chico que no sabe si volverá a ver a su amada.

La nostalgia y el desamor lo impregnan todo

El sonido de los bandoneones, a modo de elipsis, nos acerca más al universo del protagonista en todo su maremágnum de pensamientos y sentimientos. En realidad sí tenía alguna esperanza en esa relación, porque cuando volvió ella a su país, aún con la dictadura en activo, le escribía cartas donde decía: “No consigo olvidarte, ojalá que estuvieras conmigo en el Río de La Plata” y que no hacen sino aumentar la dosis de dramatismo en la historia.

Es entonces cuando visita Buenos Aires para buscarla y descubre que efectivamente es como le había contado cientos de veces, pero lejos de encontrarla, en la emblemática plaza de mayo,  nos sobresalta con ese grito desgarrador: “¿Dónde estás?”.

Fue en esa plaza donde las madres de miles de desaparecidos por la dictadura argentina se manifestaban exigiendo justicia. ¿Hay algo más desolador que preguntar por alguien en ese lugar? La pista que nos da anteriormente: “Te quedaba tan bien esa boina calada al estilo del ché…”, nos indica que la chica no era precisamente de las que se queda de brazos cruzados e intuimos que engrosó la enorme cifra de desaparecidos. Aquí Sabina abraza y alienta a esas madres de mayo porque en esos momentos se siente como una de ellas buscando a su amada.

El jienense se metió en el bolsillo a todos los argentinos con este tema. Muchos confiesan que se deslizan las lágrimas por sus mejillas cada vez que interpreta esta canción en su país, porque quizá es la historia de mucha gente que vivió aquellos años tan desastrosos.

Pero al otro lado del charco también quedó un pedacito de la Argentina de esa época, en aquel puesto del Rastro vacío, donde un andaluz enamorado acudía a comprar sombreritos de lata a una argentina que se moría por volver. Una de las canciones más hermosamente tristes de Sabina.

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