Ahora que no me acuerdo del pijama (‘Ahora que…’)

 

Alguien dijo alguna vez que las canciones son de aquellos que las cantan, y yo añado: también son de aquellos que las hacen suyas porque les inspiran algún tipo de emoción o sentimiento. Es entonces cuando da igual quién es el compositor, porque esa letra y esa música perdurarán para siempre en el corazón y la mente del que las ha recibido, ya que están impregnadas de emociones y sentimientos.

Hace unos años acudí a la boda de un amigo. Cuando llegó el momento de iniciar el baile nupcial todos esperábamos alguna canción de amor conocida, o quizá el típico vals que bailan los novios pisándose sin piedad de manera atropellada… Pero todos nos quedamos sorprendidos cuando empezó a sonar la canción de Sabina “Ahora que…”.

Los novios se pusieron a bailar tranquilamente degustando cada uno de los versos de esta deliciosa canción que nos habla de una relación quizá utópica, quizá hipotética, quizá real, pero que a todos nos encantaría vivir en algún momento de nuestras vidas. Me pareció una gran elección y una fantástica apuesta para el futuro.

En principio podemos deducir de esta canción que es el inicio de una relación, cuando todo va bien, “cuando el mundo está recién pintado y los duelos no se atreven a dolernos demasiado”. Pero también puede hacerse una lectura mucho más ambiciosa y que todo funcionara igual de bien con el paso de los años, y uno pudiera recibir los saludos de las floristas, aprender bailes de salón y doctorarse en lencería cuando las hojas del calendario van cayendo una tras otra.

La canción tiene una curiosa mezcla de optimismo y melancolía que atrapa desde el principio. Nos transmite de manera fantástica esa alegría del protagonista, ese enamoramiento inicial que nos contamina de tal forma que sentimos una pequeña gran envidia de ese tipo que ha conseguido dejar tan sola a la soledad y aparcar su tren de cercanías en la estación de las dudas.

Mientras los invitados escuchábamos este tema y veíamos bailar a los novios, estoy seguro que la mayoría deseábamos que esos dos pudieran vivir todos y cada uno de los pasajes de la canción. Que sin saber hubieran sabido, quererse como es debido, sin quererse todavía. Que mi amigo se perfumara cada día, que trepara a su ventana y se quitara el antifaz y que sus semanas fueran fugaces como estrellas de Bagdad.

Fue sin duda una inauguración de baile atípica, pero de un recuerdo imborrable. Nunca olvidaré las sonrisas de complicidad de todos los presentes y ese halo de buenrrollismo nostálgico que desprende esta canción. ¿Qué opináis de este tema? ¿Alguien recuerda alguna canción de Sabina en un evento parecido?

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